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Francisco Caballero

“CONOCÍ A MABEL A TRAVÉS DE NUESTRA EXPERIENCIA EXPOSITIVA”

No tuve la suerte de tratar personalmente a Mabel Martínez (Calasparra, 1964-2019). Sólo el conocimiento de su obra y de sus textos, así como el testimonio vital y lleno de cariño de su compañero de viaje, Paco Vivo, poco a poco me han permitido llegar a conocerla. Cada proyecto que revisamos en común, cada documentación gráfica o boceto, me reportaban nuevos datos y completaba mi percepción sobre su carácter y su temperamento, sobre su compromiso fiel con la creación plástica y su pasión por el arte contemporáneo.

Si bien su formación académica no estuvo directamente relacionada con el campo de las Bellas Artes, sino con la Filosofía. es digno de ser resaltado, tal y como señala Miguel Ángel Hernández en uno de los muchos artículos que le dedicó, cómo supo integrar el arte en su vida cotidiana. Vivía y respiraba arte, vehementemente; un arte entendido como una ardorosa experiencia vivencial en la que, en cada proyecto, se esfumaban los límites entre vida y obra; un arte que se convirtió en plataforma de expresión y comunicación con el mundo y que, en los momentos difíciles, le ayudó a sobrellevar la enfermedad. En efecto, ella era sus proyectos y sus proyectos son ella, ahora y por siempre.

A nadie se le escapará, por tanto, la complejidad de la tarea que representó comisariar la exposición de una artista ausente físicamente: lograr desarrollar una conversación entre artista y comisario que nos llevara al discurso expositivo definitivo. Fueron a este respecto, como ya he mencionado, las largas charlas con Paco, fantástico artista, enamorado del arte y, sobre todo, de Mabel, las que me llevaron a comprender que estaba ante un proyecto en el que se unían amor y arte. Conversaciones empapadas de amor por la persona y por su obra, reflejo cierto del amor, el entusiasmo y el compromiso que ella aplicó en sus proyectos artísticos, los cuales, como también subraya Miguel Ángel Hernández, versan, sí, sobre el Land Art y la estética de la naturaleza, pero que, además, se extienden a otros temas de capital importancia: la violencia contra la mujer, el dolor, la ausencia y el silencio, la preocupación por la injusticia, la identidad y el olvido.

Llegado a este punto, tengo la certeza de que el rasgo principal que define esta muestra y que se advierte de forma persistente en todas las obras expuestas, es la toma de conciencia de nuestra relación con la naturaleza – conciencia que lleva casi a una obsesión en la vida de la artista, una fijación por la tierra, la geología y el lugar del cuerpo en el tiempo del planeta. Estas ideas, que se repiten en muchos de sus proyectos, también en su producción más vivencial, nos llevaron a elegir, de entre todos sus trabajos el proyecto Donde anida la espiral, para esta exposición homenaje. En ella tratamos de recoger sus conceptos más idiosincráticos: el fósil, la espiral, la huella y su necesidad de habitar la tierra hasta llegar al punto de fusionarse con ella. Y, en su realización, nos inspiraron las preciosas palabras con que refiere su deseo de sentir la piedra – símbolo de lo inanimado que alguna vez fue vivo – e integrarse en algo más grande y profundo que lo humano.

Para llevar a cabo Donde anida la espiral, como en otros de sus trabajos, madurándolos y perfeccionándolos, hizo uso de todos los medios de expresión a su disposición (la escultura, el dibujo, la instalación, el vídeo y la performance), dentro de un propósito general, que nuestro proyecto expositivo pretende realzar, en el que el arte se convierte en razón de ser y modo de vida. Los conceptos “huella”, “silueta”, ligados a lo que queda de nosotros cuando ya no estamos, la perdurabilidad y lo efímero de la materia, se repiten a lo largo del discurso expositivo. Pero, sobre todo, es la figura de la espiral, el tiempo que nos engulle y, a la vez, nos reconecta con el cosmos original, lo que enlaza a los espacios y discursos elegidos.

Finalmente, decidimos dividir el proyecto Donde anida la espiral en tres bloques: una instalación en “La Capilla”, espacio expositivo ubicado en el edificio de Convalecencia, en el Rectorado de la Universidad de Murcia; otra exposición en el espacio Paraninfo ESUM, ubicado en el Campus de La Merced; y, como colofón, una video-proyección con mesa redonda en el Centro Párraga, en la cual se confrontarían tres visiones de su obra.

En la instalación de “La Capilla” decidimos recrear la realizada por Mabel -expuesta tiempo atrás-, junto al vídeo resultante de dicha acción. proyectado sobre una tela colgada casi en el centro de la sala, que se balanceaba con el paso del público y la recreación de la pieza Fractal en la tierra, una espiral dibujada con distintos tipos de tierras de colores, recogidas en las proximidades de los yacimientos paleontológicos, que ella deshace en su performance Fractal en la tierra. Desintegración. Completamos el conjunto con dos piezas fotográficas de la performance Fractal en el cuerpo y dos reproducciones de ammonites de la pieza Procesos, múltiples copias, que servían de conexión con lo expuesto en el espacio de la sala “Paraninfo ESUM”.

En esta sala optamos por construir un ámbito de trabajo tipo taller en el que recreamos proyectos, mesas de trabajo, paneles documentales de fotografías y dibujos. La idea era que su presencia estuviera en ambos espacios de modo que, pareciendo que la artista hubiera abandonado ese lugar unos instantes antes, el espectador, observador privilegiado, tuviera la impresión de entrar en su mundo y en sus vivencias.

Su manera peculiar de experimentar la creación artística queda patente en las piezas en las que su mismo cuerpo es soporte o medio de estampación, y la tierra el material utilizado para el estampado de sus obras. En ellas lleva el concepto de Land Art a su estado más purista, más ecológico, revisando a aquellos artistas que se trasladaban al lugar y lo transformaban mínimamente – o lo transformaban sólo usando los materiales allí encontrados.

El objetivo perseguido en las diferentes salas era, en suma, reflejar esa práctica artística tan vivencial que ella descontextualizaba trasladándola al espacio expositivo. Aunque corporalmente no presente, de algún modo casi mágico, en ambos espacios Mabel estaba presente en espíritu – espíritu que la práctica comisarial realizada había concretado partiendo de la experiencia de creación espacio, objeto y documento, para fundar una unión indisoluble que contara la historia de su existencia.

La vida de Mabel, lamentablemente, se apagó demasiado pronto, pero sus investigaciones y sus pensamientos, tan comprometidos, nos acompañarán a todos, gracias al legado artístico que deja. Y es que, como también manifiesta Miguel Ángel Hernández hablándonos de ella: “Permanece su trabajo, su pasión, su compromiso, su energía. No es consuelo, pero es lo que nos queda. Eso, y la memoria. Eso, y la imaginación. Sí, también la imaginación. Y esa imaginación es la que ahora me hace verla descansar al fin en la espiral, formando parte de esa naturaleza con la que tantas veces soñó integrarse. Convertida en huella, tiempo, materia, ausencia presente”.


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